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Ich und Du |
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DICIEMBRE 2025 |
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Lo hemos convertido en algo pequeño.
Apresurado.
Una formalidad adecuada.
Gracias, decimos, como gesto automático sin pensar.
Y olvidamos que la gratitud es más que una cortesía. Es el reconocimiento profundo de que nada de lo que somos lo construimos en soledad.
El filósofo alemán Martin Buber decía que toda vida verdadera es encuentro. Que no existimos como individuos aislados, sino como seres en relación. La gratitud es precisamente eso: reconocer que somos el resultado de todos nuestros encuentros. De las personas que creyeron en nosotros antes de que nosotros mismos lo hiciéramos. Las que nos enseñaron. Nos confrontaron. Aquellas que nos acompañaron en lo oscuro. |
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La gratitud nos da capacidad de ver la riqueza en lo que ya tenemos, en lugar de la escasez en lo que nos falta. Los romanos lo entendían bien. Gratia significaba tanto gratitud como gracia y regalo. Porque cuando agradecemos, todo se convierte en un regalo. La vida misma deja de ser lo que nos falta, y se convierte en todo lo que ya nos ha dado.
Vivimos en una cultura que celebra la autonomía y el self-made man. La idea de que somos arquitectos solitarios de nuestro destino. Pero la gratitud desmonta esa ilusión con ternura. Nos recuerda que somos interdependientes. Que cada pan que comemos lo amasaron manos ajenas. Que cada idea que defendemos la escuchamos primero en boca de alguien más. Y que incluso las palabras que usamos para pensar, nos las regalaron personas que existieron antes que nosotros.
¿Qué vas a hacer con tu única, salvaje y preciosa vida?
Preguntaba la poeta Mary Oliver en uno de sus poemas.
Quizá la respuesta más honesta es agradecer.
Agradecer que no fue tan única como pensábamos, porque estuvo llena de otros.
Agradecer que fue salvaje precisamente porque nos atrevimos junto a personas que nos hicieron más valientes.
Agradecer que fue preciosa no a pesar de los otros, sino gracias a ellos.
Porque al final, como decía Buber, toda vida verdadera es encuentro.
Y cada lectura tuya ha completado mi escritura.
Por eso, gracias por leer estas palabras todos estos años 💛
Y tú, ¿a quién quieres agradecer? |
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Mónica Meika
CEO del Instituto Tramontana |
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El acto de crear |
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En 1972, Kisho Kurokawa construyó la Nakagin Capsule Tower, un manifiesto de independencia en pleno Ginza: 140 cápsulas de diez metros cuadrados, suspendidas en el aire, células autónomas diseñadas para hombres de negocios que perdían el último tren a casa. Cada unidad podría “desenchufarse” y reemplazarse sin alterar al resto. Cada habitante viviría su vida autónoma suspendida en el aire, historias fragmentadas, realidades paralelas que nunca se tocan. |
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Cada cápsula salía completa de fábrica: cama, escritorio plegable, televisión. Máquinas para vivir donde la vida ya estaba resuelta de antemano. Kurokawa imaginaba los edificios como organismos vivos que podían crecer y adaptarse, esas cápsulas se reemplazarían cada veinticinco años para que el edificio evolucionara con el tiempo.
Pero las cápsulas nunca se reemplazaron. Las instalaciones se volvieron obsoletas, había filtraciones, frío en invierno, calor en verano. Los habitantes que habían llegado con esa promesa de vida autónoma y eficiente terminaron viviendo en condiciones deplorables.
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En 2007 llegó la orden de demolición y entonces, justo cuando todo se desmoronaba, la amenaza de perderlo hizo que ese manifiesto a la independencia se convirtiese en unión, en cooperación, en manos que se tienden. En un movimiento para salvarlas.
Las torres se demolieron en abril de 2022. Finalmente el edificio no aguantó el paso del tiempo, pero algo de ello permanece: la certeza de que lo que nos sostiene no son las estructuras que diseñamos, sino todo lo que compartimos dentro de ellas. |
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Un libro de nuestra biblioteca |
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La resistencia intima
Josep María Esquirol
«Nos salvamos por los afectos, es decir, por lo que se hace de corázon.»
Esquirol escribe sobre las cosas pequeñas que nos protegen de la intemperie del mundo. No la intemperie física, sino esa otra: la del desamparo, la indiferencia, el sinsentido. Y dice que lo que nos salva no son las grandes ideas ni los sistemas perfectos, sino los gestos mínimos: la hospitalidad, el cuidado, una conversación a tiempo.
Una lectura sobre cómo habitamos el mundo. Sobre lo que significa abrir la puerta, dar cobijo, reconocer que dependemos unos de otros. Esquirol lo escribe con una calidez poco común en la filosofía, como si estuviera conversando contigo en una cocina mientras prepara café.
Un libro que cambia la forma en que agradeces. |
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